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No sos James Bond

Te tengo que pedir un favor. Si lo hacés, tu vida y mi vida y la vida de todo el puto mundo va a ser un carnaval de tetas bailando desnudas bajo el sol.

Es simple.

Necesito que encuentres un caballo.

Necesito que lo mates.

Que le serruches el pito.

Y que te sopapes con el pito amputado en la cara.

Quizá así te vas a dar cuenta de una puta vez.

No sos James Bond.

No lo sos.

No sos James Bond.

Lo sé, lo sé. Es difícil de creer. Lo sé. Pero por favor. Escuchame. Tu vida, mi vida, la vida de todo el puto mundo podría ser más feliz si te dieras cuenta.

No sos James Bond.

Tratá de olvidarte por un segundo del desfile de películas y publicidades y revistas que te dijeron lo contrario. Dinamitá la idea de que si usás tal marca sos sexy o inteligente o la mierda que sea. Degollá todo. Y pensalo. Pensalo un segundo.

¿Te acordás de las películas? Las viejas películas. Las películas en las que el héroe era humano. A veces era torpe, lento. Se cansaba. Erraba tiros. No se las sabia todas.

Ahora el héroe es estratega y brillante y ágil pero también fuerte y cómico y sensible y elocuente y honesto y la recontra puta madre que te parió, no existe gente así.

Sin ir más lejos, pensá en Homero Simpson. Antes Homero Simpson eras vos y yo y todos. Antes era humano.

Era un tipo bueno, atrapado en un trabajo sin salida, con una esposa que resignó sus estudios por haber quedado embarazada, con un hijo que lo volvía loco, una hija con la que no podía conectar y una beba que sumaba cosas para pagar. Era un tipo con frustraciones, con deseos. Era tierno, dulce y torpe. Era, quizá, como nos reconocemos a nosotros mismos.

En un momento renunció y estaba en su trabajo de ensueño, en un bowling. Era el deseo de toda su vida laburar ahí y finalmente se animó a perseguirlo. Pero de repente tiene una beba y las cuentas se suman y se suman.

Y no le queda otra.

Renuncia.

La lluvia ácida le corroe la campera de bowling mientras él camina cabizbajo hacia la planta nuclear, a rogar que le devuelvan su viejo puesto.

El jefe lo contrata. Pero el muy hijo de puta le pega una placa frente a su escritorio. La misma dice que Homero iba a estar ahí por siempre.

¿Qué hace Homero? Le pone arriba fotos de su beba para que las letras ahora digan: “Hazlo por ella.”

Soy un tipo grande.

Tengo 31 años.

Habré visto ese capítulo 897373827128 veces.

Y contándolo recién me saltó una lágrima.

Seguro.

Me podés decir que soy un mariconazo o un cursi o lo que se te cante las pelotas. Me chupa un huevo. No soy James Bond.

Tampoco lo era Homero. El tipo se levantaba todos los putos días de su vida para ir a un trabajo que le chupaba el alma y lo hacía por su beba y eso valía la pena.

Ahora Homero Simpson es James Bond. Se codea todo el tiempo con celebridades y realiza proezas de películas de acción y mete un chascarrillo cada dos segundos y cae pero se levanta enseguida y baila y ríe y el dinero nunca es un problema y es bueno y es irreal.

Antes Homero Simpson era nuestro reflejo. Ahora es nuestro modelo.

Quieren hacernos creer que debemos ser James Bond. Que estamos obligados a serlo. Y no. Todos caemos a mundo en pelotas.

Hace años me mandé un moco con un amigo. No fue un gran moco. Pero un moco. Y todavía me acuerdo de eso. Me digo que fui un boludo, que tendría que haber sabido cómo actuar.

Y de repente me doy cuenta.

No.

No tendría que haber sabido como actuar.

No soy James Bond.

No hay un manual de instrucciones para cada situación. Vamos a pifiarle, a errarle, a fracasar y a embarrarnos. Es parte de vivir.

En el momento hice lo mejor que me salió.

Pero eso ahora no basta.

Ahora hay programas dedicados enteramente a criticar cómo va vestida la gente a distintos eventos. Hay programas dedicados enteramente a criticar cómo cocina un grupo de gente. Cómo cantan. Cómo diseñan. Cómo tatúan. Cómo bailan. Cómo lo que se te ocurra.

Y los que no gustan son eliminados. Desaparecen.

Sólo queda James Bond.

Y eso nos da flor de cagazo. Porque queremos que no nos eliminen. Queremos seguir. Queremos vivir.

Entonces criticamos. A todo y a todos.

Metete en los comentarios de lo que se te cante. Están empapados de críticas. Críticas y burlas y también insultos. Frustración. Miedo.

Porque nos dicen que si compramos tal marca o hacemos tal cosa somos James Bond. Pero en el fondo sabemos que no lo somos. Y entonces nos da pánico. Y tratamos de distraer la atención hacia otro que tampoco lo es.

Para unos no ser James Bond es ser gay. O gordo. O de otro país. O tener la piel oscura. O un corte de pelo raro. Y así al infinito.

Somos Nelson de Los Simpsons, apuntando con el dedo y riendo. O apuntando con el dedo y golpeando. O apuntando con el dedo y matando.

Llegamos a matar.

Llegamos a matar.

Llegamos a matar a personas porque nos recordaron que no somos James Bond.

¿Y cómo no hacerlo? Toda la puta vida nos atragantaron con la idea. Toda la puta vida nos apantallaron el miedo, nos arrinconaron contra la desesperación para que compremos y obedezcamos.

Y así matamos, golpeamos, burlamos. Todos lo hacemos.

Yo lo hice.

Yo critiqué a Shakira.

Era adolescente metalero y dije que me parecía una pelotuda con su voz de mierda y sus canciones chotas y seguro se había cogido a uno de MTV para que pasaran sus videos todo el puto tiempo.

Shakira sacó el disco “¿Dónde están los ladrones?” con todas esas canciones, todas esas letras, todos esos videos, a sus veintiún años. Yo ni en pedo podría haberlo hecho. Y vos tampoco. Por más que te guste el metal, el blues o la concha de la lora. Ni en pedo lo lograbas.

También critiqué a Justin Bieber.

Yo ya era un pelotudo grandote de treinta años y dije que Justin Bieber era un pendejo creído, que lo que hacía era una reverenda mierda, que no se merece tanta guita, que le hace un mal al mundo.

Pero te quiero ver a tus diecisiete años en el escenario de un estadio lleno, por horas, cantando y bailando, con toda la atención sobre vos. Te quiero ver con minas de todo el mundo cortándose las venas si no les contestás un tweet de los millones que recibís a diario. Una loca de mierda mató a su perro porque no le respondió. Te quiero ver a tus diecisiete años con millones de personas burlándose a diario de a vos, diciendo que sos un puto, que sos una lesbiana, que cantás para la mierda, que tus mejores éxitos quedaron en el pasado, que apesta lo que hacés, que sos un forro, que sos una mierda, que te mueras. Te quiero ver con actores cómicos imitándote. Te quiero ver con enfermos que creen que son tu alma gemela y te quieren matar para ir juntos al Cielo. Te quiero ver con paparazzis siguiéndote a todos lados, revolviendo tu basura. Te quiero ver blanco de odio y frustraciones y envidias y amor y locura y deseo y gente tratando de aprovecharse y gente fingiendo ser tu amiga y dándote atención y atención y atención y atención.

Ta bien. No me gusta lo que hace. No me parece que sea un buen modelo a seguir. Pero el tipo hace lo mejor que puede. Hay un sinfín de música ahí afuera, música que me puede volar la peluca, música que me puede cambiar la vida. Hay demasiada belleza para gastar tiempo criticando a uno que hace algo que no me gusta.

Creo que en un punto todos somos el personaje de Brad Pitt en “Inglorious Basterds.” Al tipo, casi un vaquero, le preguntan si habla italiano para ir de encubierto. Dice que se maneja. Cae y habla apenas dos palabras con el acento más yanqui del universo.

Vos ves al que sea y esa persona hizo lo mejor que pudo.

Así que basta.

Aceptá que no sos James Bond.

Aflojemos con las críticas. Aplaudamos el esfuerzo en el otro.

Dejémonos de creer que somos James Bond o sentir que debemos serlo. Porque nos encadena. Nos mantiene asustados. Nos hace temer a cualquier estocada que pueda bajarnos del caballo. Entonces nos quedamos en el molde y freezamos nuestros sueños por miedo de que se embarren. Permanecemos sentados y frustrados. Consumiendo. Aislados. Criticando. Comparándonos, midiéndonos. Peleándonos entre nosotros a ver quién tiene la razón y quién no.

Y eso es precisamente lo que quieren.

Meteles un tiburón por el culo.

Nadie es James Bond. Ni incluso los soretes en el poder que se creen invencibles. No son James Bond. No somos James Bond. Nadie es James Bond.

Dejemos de criticar y hagamos.

Valorá al que hace. Hace lo mejor que puede. Intentá vos hacer mejor y listo.

Sacá del freezer a tus sueños y hacé lo mejor que puedas. Que te chupe un huevo si no te sale como esperabas. Que te chupe un huevo si te critican. Sos un bichito de mierda en un planeta enorme y pronto vas a morir. Tenés una puta vida nomás. Dejate de joder.

Los soretes en el poder pegaron una placa frente a tu escritorio. La placa dice: “No sos James Bond. Comprá esto o creé esto y quizás lo seas.”

Pegale fotos de las cosas que amás arriba para que las letras digan simplemente: “No sos James Bond.”

Está bien embarrarse, está bien que el otro se embarre.

Salí, hacé, embarrate y dejate de joder.

 

Sebastián Defeo
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