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El eterno

Hay tres cosas inevitables: la muerte, las críticas que recibiremos de nuestros padres y las actualizaciones de Java.

Damián decidió enfrentar a la más endeble de estas certezas: la muerte.

Buscó la escalera de la línea E del subte que conduce al infierno y, ahí, pidió con el Diablo.

“¿Sí?” dijo el demonio a través del humo del cigarro que colgaba entre sus labios.

“No quiero morir,” respondió Damián, telegráficamente.

El Diablo se echó hacia atrás en su trono, dio una pitada. “Se puede lograr. Pero te vas a arrepentir. Y vas a volver.”

Damián pasó la lengua entre sus labios, buscando las palabras apropiadas para retrucarle a un ser de semejante importancia. “Me chupa un huevo,” dijo. No las encontró.

El Diablo sonrió. “Que así sea.”

Y Damián no murió. Los almanaques cayeron, uno tras otro, y Damián no murió. Todo lo que alguna vez había amado era ahora apenas polvo y Damián no murió. El universo llegó a su fin y Damián no murió.

Permaneció solo, cansadoramente solo, atragantado por el vacío.

En la nada, una idea.

Damián creó al universo y a Dios y al Diablo. Y esperó, paciente, al turno de la Tierra y de la humanidad.

Atravesó eras con desgano y determinación hasta dar con la escalera de la línea E del subte que conduce al infierno.

Bajó.

Se vio a sí mismo hablando con el Diablo. Se escondió.

Damián, el joven, dijo: “Me chupa un huevo.”

El Diablo sonrió. “Que así sea.”

Damián, el joven, se fue, contento con su inmortalidad, subiendo la escalera de vuelta hacia la ciudad. Damián, el eterno, salió detrás de la columna.

El Diablo escupió el humo de su cigarro. “Te dije que ibas a volver,” rió.

“Quiero morir.”

El Diablo giró su cabeza hacia la escalera de la línea E del subte. “¿Y él?”

Damián pasó la lengua entre sus labios, buscando las palabras apropiadas para retrucarle a un ser de semejante importancia. Tuvo una eternidad para pensarlas. “Me chupa un huevo,” dijo. Pero esta vez no fue que no las pudo encontrar. Esta vez sabía que él ya era otra persona, que debía dejar de cargar con los errores del pasado y seguir adelante.

El Diablo sonrió. “Que así sea.”

Y Damián murió.

Hay, entonces, tres cosas inevitables: la muerte, las críticas que recibiremos de nuestros padres y las actualizaciones de Java.

 

Sebastián Defeo

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