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ATRAPADO EN LA OFICINA – 17 – Al fin una

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Nunca quise tanto a un fin de semana como a este.

El viernes el Capitán Energúmeno nos reunió en su oficina. Nos gritó. Nos amenazó. Nos habló sobre lo importante de generar una buena impresión con la nueva gerencia, sobre cómo la situación económica del país no está para andar jugando con el trabajo y sobre cómo las minas son quilomberas y siempre todo termina en una guerra de conchas.

Él sabía que nadie podía hacer nada por sus dichos misóginos. Sabía que el jefe de Recursos Humanos es su mejor amigo. Sabía que teníamos que escucharlo insultar mujeres y asentir o sino renunciar.

“El lunes,” dijo, “quiero una reunión con cada uno. Me cuentan qué pasó, despedimos a la responsable y listo.”

Tragué saliva preguntándome si podrían rastrear el quilombo hasta la casilla del Vengador Anónimo que creé o si, en cambio, rajarían a alguien por mi culpa.

Por eso, nunca quise tanto a un fin de semana como a este. Seguro, queda latente cierta expectativa. Como cuando se está en una cita y no se sabe del todo si va bien o si no hay onda y cada segundo es desesperación y ansiedad. Como cuando se tiene un examen difícil en unos días y recién cuando lo entregue será finalmente libre. Como cuando se contiene un pedo.

Una parte mía necesita fastforwardear a este oasis para ir a trabajar el lunes y saber qué es lo que va a pasar, si me van a rajar o no. A otra parte mía le chupa un huevo.

Ahora es domingo y el sol se filtra entre las cortinas de mi departamento. Subo la persiana. Miro al cielo permitido por los edificios. Es el amanecer de un día hermoso. Trato, entonces, de olvidarme de la oficina. Sugiero preparar unos mates, ir a la plaza. Ella acepta con una sonrisa. Pongo la pava al fuego, guardo unas galletitas. Llamo al ascensor. La beso mientras esperamos que venga. Bosteza. Bostezo. Reímos. Bajamos y caminamos agarrados de la mano.

Nunca quise tanto a un fin de semana como a este. El domingo amanece casi sin testigos. No hay nadie en la calle. No hay nadie en la plaza. Sólo Amazon Woman y yo.

 

Sebastián Defeo
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