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ATRAPADO EN LA OFICINA – 25 – El momento perfecto

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Es en unos minutos. El momento perfecto. Estuve el fin de semana entero esperándolo. Mastiqué posibilidades, olfateé imprevistos. Planeé todo con el cuidado que sólo puede tener un resentido. Porque Pony va a pagar por haberme nombrado brigadista del piso. Va a pagar caro. Y no sólo él. Pastelito y Garquetti también.

Diego, el cordobés de seguridad, me informa que el simulacro de incendio va a hacerse en cinco minutos. Bien. Tengo tiempo para jugar otra partida al solitario. Por el reflejo del monitor veo despuntar una sonrisa asesina en mi rostro, anticipando la venganza. Nunca fui tan feliz en esta oficina. También lo veo venir a Pony. Minimizo.

Pony toma un sorbo de café. Me mira, asiente. “Me imagino que ya sabrás everything de lo que tenés que hacer now,” me dice.

Levanto las cejas. “¿Hacer qué?”

“El simulacro.”

Finjo mirar confundido a mi monitor. “¿El qué?”

Pony resopla. “El simulacro. Sos el new brigadista.”

Me encojo de hombros, niego con la cabeza. “Nadie me dijo nada.”

Se suena el cuello. “Te di los manuales, te avisé el viernes. Hay un simulacro de incendio now,” dice, girando hacia la oficina del Capitán Energúmeno. “Lo tengo que notify a Rodri.”

Lo miro. Es suficiente por ahora. No quiero que sospeche. No quiero que nada se ponga en el medio de la venganza que estuve planeando todo el fin de semana. Finjo reírme. “Te estaba jodiendo,” le digo, y le hablo en su idioma. “Relax. Estudié todo el weekend. Ya sé everything.”

Pony suspira aliviado. “Me asustaste.”

“Sorry. Fue un chiste entre coworkers.”

Levanta su pulgar creyéndose un emperador romano perdonándome la vida y se va. Veo por el reflejo de mi monitor a la sonrisa asesina que regresa a mi rostro. Sólo me queda esperar al momento perfecto.

Suena la alarma, estalla el murmullo. El chaleco naranja late sobre mi escritorio, como una broma de mal gusto. Me lo pongo. Llueven bromas.

“Chicos,” dice Pony. “No toleramos el bullying en esta empresa, ¿okay?” Y me mira como una maestra jardinera que acaba de salvar al nene boludo pisoteado de sus compañeritos malvados.

Me pregunto si alguna vez conoceré a un científico loco que pueda reemplazar mis brazos por dos cocodrilos vivos hambrientos para trompearlo a Pony.

Voy hasta la puerta, cuento a los que bajan. El Brontosaurio pasa diciéndome números aleatorios para confundirme. Lo miro desganado. Ríe como reiría una hiena con severos trastornos mentales. Sigo cantando. La Patova me encaja una trompada en el hombro. Lucía me sonríe. Garquetti canta “Hakuna matata” mirándome a los ojos. Me pierdo con la cuenta. Otra vez Garquetti me garcó. No importa. Pretendo seguir con los números. Amazon Woman pasa a mi lado, con discreción me agarra el pito y se pierde en la multitud. Bueno, no sé si perderse es la palabra correcta. Con su altura sería como una jirafa perdiéndose entre pingüinos.

Al fin. El piso está vacío. Es ahora, el momento perfecto.

Voy hasta mi escritorio a buscar lo que había dejado en mi cajón. No puedo contener la sonrisa. Esto va a ser perfecto.

Me detengo.

De repente me acuerdo.

El Capitán Energúmeno. No lo vi, no lo conté.

Voy hasta su oficina. Está ahí. Le pido que baje. Niega lentamente con la cabeza y me muestra la tarjeta de cumpleaños de Pastelito.

“Vos bajá,” me dice. “Yo me voy a quedar buscando escritorio por escritorio hasta que encuentre la letra del hijo de puta que me escribió este insulto.”

Lo miro. Me está arruinando el plan. Pero eso no importa ahora. Tengo que sacar cualquier cosa que Lucía tenga escrita en su escritorio. “Yo te ayudo,” balbuceo.

Niega con la cabeza. “Bajá,” dice apenas.

La excusa me surge estúpida pero única. “Como brigadista del piso, necesito que…”

“Bajá.”

Me apuñala con los ojos.

Voy hacia la salida. En el camino paso por el escritorio de Lucía. Hay papeles. Hay muchos papeles. Espío de reojo a la oficina de mi jefe. Me está mirando. No puedo manotearlos. No puedo hacer nada.

Bajo. Mis pasos retumban por toda la escalera. El muy sorete estuvo esperando el momento perfecto.

 

Sebastián Defeo
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