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ATRAPADO EN LA OFICINA – 22 – Soy Batman

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Pasa en toda relación. Hay un momento donde, casi en un susurro, revelamos que somos Batman.

Para algunos, es ser el caballero de la noche. Para otros, es disfrazarse de murciélago y pasar demasiado tiempo en una cueva con un pobre viejo que ya debería jubilarse.

Tarde o temprano confiamos nuestra verdadera esencia. Pero no siempre es recibida como quisiéramos.

“Es el cumpleaños de Pastelito,” insisto. “El tipo faltó por meses por un pico de estrés, me encajó todo su laburo, nunca me agradeció. Le tenemos que hacer alguna joda.”

“No tenemos cinco años,” dice Amazon Woman.

“Pero… es Pastelito.”

Mira para un lado, mira para el otro. Me agarra la entrepierna. “Chito el pito,” dice. Sonríe y se vuelve a su cubículo, contorneando deliberadamente sus caderas.

Me quedo en la cocina, solo, decepcionado y excitado.

No quiero volver a tipear numeritos sin sentido. Toco un botón, espero un café. Tiene gusto a napalm pero sirve para demorar lo inevitable por al menos un minuto.

Es ahí cuando llega Lucía.

“¿Vos podés creer que Pastelito tiene el descaro de cumplir años?” dice.

“¿Viste? El muy sinvergüenza.”

“Deberíamos regalarle un libro de autoayuda sobre el estrés o un sorete o algo. No sé. Es demasiado temprano para pensar.”

“Viniste al lugar indicado,” digo. Saco de mi bolsillo a la lista de ideas. “Falsificarle la firma y anotarlo en todos los cursos optativos de la empresa. Un CD de Paulina Rubio que adentro tenga un CD de Motörhead.”

“Hiciste una lista, me muero de amor.”

“Por favor no me interrumpas,” digo.

Lucía ríe con una risa que podría acabar con todos los males del mundo.

“Una tarjeta de cumpleaños llena de mensajes pasivo agresivos bien agresivos,” sigo. “Un mail del Vengador Anónimo con una historieta del muñeco del Brontosaurio encamándose con Paulina Rubio,” digo. Bajo la lista, la miro a los ojos. “Estoy aprendiendo a usar Photoshop para el mal,” aclaro. Sigo leyendo. “Una serie de postales que muestren todo lo que estuvo haciendo Pastelito en su licencia. Un catálogo de…”

“Pará, pará, pará. ¿Vos sos el Vengador Anónimo?”

No puedo mentirle a esos ojos. “Depende. ¿Vas a guardar el secreto?”

Lucía es entera una sonrisa. “Me muero. Soy tu fan.”

La agarro de los brazos y la sacudo telenovelescamente, haciendo el peor acento mejicano del mundo. “Esto no se trata de ti, María Fernanda Lucía de las Nieves González. Esto se trata de Pastelito y de nuestra venganza.”

Ella ríe.

Y de repente, silencio. Nuestras miradas se enredan, nuestras respiraciones bailan. Cada centímetro que nos separa es una deliciosa agonía.

Lucía sonríe avalanchadamente. “¿Podemos hacer el mal juntos?”

Tarde o temprano confiamos nuestra verdadera esencia. Algunos la pisotean. Pero otros la celebran. Es con esos con los que hay que quedarse.

“¿Porfis?” dice.

¿Qué otra cosa puedo hacer más que bailar con el diablo bajo la luz de la luna?

 

Sebastián Defeo
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