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ATRAPADO EN LA OFICINA – 18 – Flashback

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La cosa fue así. El viernes, mientras esperábamos a reunirnos con el Capitán Energúmeno, empezamos a hablar todos por chat.

El objetivo era común. Que se nos ocurra una excusa válida para la pelea que nuestro jefe acababa de ver entre la Patova y Amazon Woman, volver al tedio gris de la oficina, evitar que despida a alguno de nosotros.

“Digamos que fue por la inflación,” sugirió el Brontosaurio. “Tengo de buena data que el ajuste que están planeando es del 7%. Es un insulto.”

“Tenemos que andar con mucho cuidado,” decía el garca de Garquetti.

“Díganle que fue por un tema hormonal de la menstruación, chicas,” propuso Lucía. “Total, odia a las mujeres. Va a sermonear sobre cómo somos quilomberas, irracionales, la misma boludez de siempre y listo. Usemos su pelotudez a nuestro favor.”

“También hablen de la transición de la empresa, de cómo nadie nos dijo nada de por qué hay tipos con turbantes paseándose por el piso, de qué significa, de si va a haber despidos, reajustes, algo, lo que sea,” sugerí. “Y en ese delicado momento en el que reconoce su culpa pero no quiere verbalizarla, ahí sí, digan mensturación. Y díganlo mucho. Que seguro es una palabra que lo incomoda.”

“Eso,” hizo eco el Brontosaurio, “y que el ajuste por la inflación es muy bajo, que nos aumenten el sueldo como corresponde.”

“Digámosle que nos sopapeamos por unicornios. Ella cree que no existen y yo sí. Quiero ver qué cara pone,” dijo Amazon Woman.

Garquetti negó rotundamente y volvió a machacar con que hay que andar con mucho cuidado, que cambió de carrera universitaria por la empresa, que seamos prudentes. Acto seguido, agarró su novela gorda y se fue al baño cantando “Hakuna matata.”

Yo por mi parte releí lo que escribió Amazon Woman. Sonreí. Fue ahí cuando abrí una conversación aparte a solas con ella. Fue ahí cuando me di cuenta que era una mujer tímida e interesante, que también se sentía atrapada en una vida que no quería. Entre una cosa y la otra, nos pasamos los teléfonos.

Nos reunimos con el Capitán Energúmeno. Nos rugió. Nos insultó. Nos procrastinó reuniones y despidos. Todos bajamos la cabeza. Con Amazon Woman cruzamos la mirada. Fingió rascarse la frente y con un dedo hizo el cuerno de un unicornio. A la salida del trabajo, me puse en puntas de pie, la saludé con un beso y sentí un cosquilleo en el pecho.

Estuve pensando si mandarle un mensaje para ir a tomar algo. Como siempre, tasé la posibilidad del no y lo que eso significaba. Porque es imposible contener un rumor en una oficina. Hablarle era exponerme al cuchicheo. Era soportar una infinidad de chistes del Brontosaurio. Era sobrevivir a la Patova pegándome todavía más fuerte.

El sábado no aguanté. A la mierda los pelotudos y lo que digan. Nos mensajeamos que estábamos aburridos. Nos juntamos a tomar mate. Vino a mi departamento. Era algo tan irreal. Por un lado, tener a alguien de un contexto completamente distinto en un lugar tan privado. Por el otro, ver a una gigante en mi casa.

Le cebé un mate. Mientras ella lo tomaba, un mechón de su pelo cayó sobre su cara. Se lo acomodé detrás de la oreja, sin darme cuenta de lo que hacía. Nos miramos. Ella sonrió. Me acerqué y a la mierda el mate, el termo y el paquete de bizcochitos.

Y fue hermoso. Con ese tinte prohibido, secreto y explosivo que hay de por medio cuando se tiene sexo con alguien del trabajo.

Se quedó a dormir. Fuimos a tomar mate a la plaza el domingo. Volvimos al departamento. Pasamos todo el día en casa. Recién a las tres de la mañana se volvió.

La acompañé a buscar un taxi. No habían abierto las puertas del ascensor de mi edificio cuando recibí su mensaje. Me dijo que la había pasado muy lindo y que quería que se repita pronto. Le dije que yo también.

Hoy nos cruzamos en la oficina. Los dos bostezamos. Reímos. Nos saludamos con un beso en la mejilla aunque cada centímetro que me separaba de sus labios era una muerte. No dijimos nada sobre comentar lo nuestro acá. Pero creo que está sobreentendido que no lo vamos a hacer. Al menos eso espero mientras la veo ahora hablando con Lucía.

 

Sebastián Defeo
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