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ATRAPADO EN LA OFICINA – 11 – El almuerzo

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Pony me mira, sonriente. Quiero sopapearlo con un cocodrilo. Pero apenas me saco los auriculares y levanto las cejas para invitarlo a hablar.

“Today is the day,” me dice.

Lo miro. “¿Lo qué?”

“Hoy vas a tener lo que querías.”

“Jodeme.”

Sonríe, chocho.

Finjo alegría. “¿Me despiden con indemnización?”

Frunce los labios. “No, el almuerzo.”

“¿Qué almuerzo?”

Se rasca una ceja. “Sabés que el desempeño es un pilar de esta empresa y por eso te dimos el award de un almuerzo con Rodri.”

De repente me invaden las ganas de imprimir esa fracesita de mierda de que el desempeño es un pilar en esta empresa en un sticker y pegarlo en un bate y con el mismo volverle puré el cerebro. Pero, más que esa fracesita de mierda, lo que realmente me jode es que diga Rodri. Pony le dice Rodri al Capitán Energúmeno, mi jefe y archienemigo, para sentir que está en su mismo nivel y que no es un subordinado más.

Después de cuatro años de atragantarme con numeritos sin sentido, esta empresa yanqui que factura billones decidió premiarme por mi desempeño. Lo hizo con una remera. No es una remera particularmente linda. Es pedorra y tiene el logo de la empresa. Y encima me queda dos talles chica. Pero al menos también me dieron un almuerzo. Con mi archienemigo.

Fui a mi cita con el Capitán Energúmeno un poco bastante muy recontra demasiado enojado. No sólo tenía que pasar una hora frente a una persona que detesto sino que además me frustraron salir a comer por primera vez con Lucía. Y encima me cancelaron el almuerzo a último momento.

“Ah, me había olvidado,” miento.

Pony aprieta la mandíbula, respira profundo, se suena el cuello. “¿Me estás cargando? Me insististe. A lot.”

“Es que me lo había ganado.”

“Le mandaste mails a Recursos Humanos.”

“Es lo que correspondía.”

“Pero varios mails. Escalaste el asunto. Me hiciste quedar mal.”

Trato de esconder la sonrisa. Me encojo de hombros. “No es personal. Es que no obtuve respuesta.”

“Me apercibieron, ¿sabés? Por tu culpa. Por este almuercito.”

“No es un almuercito. Es un premio por desempeño y el desempeño es un pilar de esta empresa.”

Tengo a un barrabrava colgado del alambre de mi alma, arengando. “Chupala. Chupala. Chupala,” canta.

Pony se suena el cuello. “Bueno, como sea. Es hoy a la una, en esta dirección,” me dice dándome un papel.

Se va. Lo miro irse. Sonrío. Rompo el papel sin siquiera haberlo leído. Después de todo, hoy tengo con quien almorzar.

 

Sebastián Defeo
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